12 agosto, 2011

Juan Carlos Hijo creció y nos mandó esta emotiva carta

Remitimos a
http://robohuyoynolopescaron.blogspot.com/2009/08/denuncia-de-un-ciudadano-de-18-70.html
para entender el trasfondo de esta sensible carta.


Yo fui un niño alguna vez... hasta que prendí Youtube y vi un video que se llama: "Aprendé a armar un porro con la rana René"


Imagine que usted es un niño que, inmerso en ese mundo mágico de ser niño, sin saberlo va caminando alegremente hacia la boca del lobo. Sólo quiere una imagen de la rana René, nada más. ¿Qué más puro y simple que eso? Pero en vez de eso usted se encuentra con un video que le enseña a armar un porro...

Imagine qué hubiera sido de usted si su infancia le hubiese sido robada de esa forma tan atroz. Imagine qué clase de confianza tendría hacia su propia familia, si en su casa habitara ese monstruo silencioso, la internet, el monstruo del entretenimiento, y sus propios padres no pudieran proteger esa mente suya, tan virginal y llena de panquecitos de canela. De pronto ya no le pide panquecitos de canela a su mamá, la llama “vieja” y le pide “guita” para ir a tomar una “birra” con los “pibes”. De pronto ya no quiere jugar a los autitos con papá, se quiere hacer rastas. De pronto ya no mira más plaza sésamo ni los thundercats, sino que se la pasa escuchando música de rock, Bob Marley y Red Hot Chili Peppers.

Yo fui ese niño cuya infancia le fue arrebatada antes de tiempo. Yo fui ese niño que de pronto dejó de usar la bicicleta para ir a jugar a la pelota de trapo y en vez de eso empezó a usarla para ir a lo del tranza. Mis padres no sabían qué hacer conmigo. Mi mente de niño no estaba preparada para conocer tanta maldad y perversión; la mente de ningún niño o niña está preparada para eso. Ese video marcó un antes y un después en mi vida. Me convertí en un criminal peligroso. Mis padres, que me habían educado para ser un ciudadano ejemplar, se encontraban con que era un inadaptado social. No quería trabajar, no quería estudiar ni tampoco casarme, ni siquiera cortarme el pelo. Quería tocar la guitarra todo el día. Y fumar faso, obvio. Después el faso ya no fue suficiente. Empecé a tomar cosas más fuertes, como LSD. Hachís. Algunas rayas de cocaína de vez en cuando. Y toqué fondo con todas mis fuerzas. Mis padres se hicieron cargo de mí valientemente. Mi padre me pegó con un cinturón y mi madre con su cepillo del pelo y me rapó las rastas. Al día siguiente me mandaron al ejército.

Pobre Juan Carlos (pensaban mis amigos). Yo mismo lo pensaba. Pero me había equivocado por completo. En el ejército me salvaron la vida. Me enseñaron que con disciplina y acatando siempre órdenes una persona puede llegar a ser lo que quiere y tiene que ser. Si lo que uno quiere no va acorde con lo que uno tiene que, entonces no lo quiere de verdad, está persiguiendo sueños de fumado, y por eso el ejército está allí, para enderezar a todos los que no entienden que lo que tienen que hacer por obligación es lo que quieren en verdad. En el ejército no solamente no volví a fumar un porro sino que empecé a tomar cosas mucho más aceptadas por el sistema único y verdadero, como pastillas contra la malaria, antidepresivos, antipsicóticos, vacunas contra el ébola... un montón de cosas re locas que no me convertían en un idiota fumado. Me dieron ataques de pánico, eso sí, y también traté de suicidarme dos veces, pero los doctores me dijeron que eran buenos síntomas, que eran la expresión de mi demonio interior tratando de exfoliarse de mí. Los curas sargentos me ayudaron mucho a entender las cosas también. Me contaron cómo los que cultivan marihuana son traidores a la humanidad y criminales (algunos hasta asesinos sin licencia). Me contaron también que la biblia no prohíbe tomar drogas, sólo lo permite si esas drogas fueron fabricadas por laboratorios y aprobadas por la ley, porque sólo los científicos y los abogados saben la verdad y son los que trabajan en los laboratorios y en el ministerio de justicia. Porque las empresas cumplen con estándares altísimos de calidad, ¿cómo puede uno desconfiar de algo que gana tanto dinero? Las empresas no quieren ganar más dinero porque ya tienen mucho. Es lógica pura. El que tiene mucho dinero en algún momento está conforme con lo que tiene y se dedica a hacer cosas buenas por la humanidad.

Además uno tiene que ponerse en el lugar del otro: si yo fuera Bill Gates no me gustaría que me sacaran ni uno de mis mil millones de dólares por alguna ley social o para repartirle a otro que no tiene nada porque nunca trabajó o no fue inteligente como para ser empresario. Bueno, justo no soy Bill Gates, pero voy a pelear por sus derechos en caso de que algún día llegue a serlo. Porque sí, uno se tiene que poner en el lugar del otro aunque sea un lugar muy distinto al propio. Eso lo enseña la biblia también y lo dice la palabra de dios. Y además, si hoy soy pobre y mañana soy rico ¿qué pasa? ¿tengo que cambiar de ideales de pronto? No, eso no se puede, hay que ser consistente siempre, y para que luego uno no se vea en una inconsistencia mejor empezar poniéndose del lado que a uno le conviene: del lado del más millonario, por si acaso.

Al final de cuentas, ver ese video de la rana René me abrió la cabeza por completo. Me hizo entender qué era lo mejor para mí. Con ayuda de mis padres y del estado nacional pude reinsertarme en la sociedad como un individuo útil, como una parte más del engranaje social, como un trabajador que produce cosas importantes y tiene habilidades que valen la pena, no como los músicos o los filósofos. Espero que todos los niños del mundo que tengan el infortunio de encontrarse con ese video de la rana René armando un porro, y que la imagen limpia e impoluta de la rana René sea trastocada en una demoníaca y pavorosa, repito, espero que todos esos niños tengan de su lado a los tres pilares que construyen una identidad sana de niño: padres, curas y soldados. Este es un mensaje de esperanza para todos. Feliz navidad y próspero año nuevo. Díganle que no a las drogas ilegales. Adjunto una lista de recomendaciones de pastillas para que tomen en lugar de fumarse esas plantas y otras cosas no fabricadas por el hombre útil. ¡Ah! Y también coman mucha carne, que le hace bien al hígado.

21 agosto, 2009

Hoy maté a la cucaracha I

La había visto por primera vez hacía dos noches, en la pared arriba de la puerta. Estuvo una hora a mi alcance ahí, quieta, y yo no me atreví a dar el zapatazo; tenía una bolsa en la cabeza y un desabillé de invierno en pleno verano, deseando en realidad tener un traje anti-radiación, siempre alimentando deliberadamente el miedo irracional. Luego de idas y venidas, previendo lo que pasaría, la cucaracha saltó por encima de mi cabeza torpemente y cayó en un lugar indeterminado, pasó lo mismo que había predicho que iba a pasar y mi futuro arrepentimiento. Como era ella o yo, estuve un rato alerta, creí escucharla pero siempre tomé una actitud defensiva, no fui en su busca, me quedé esperando a que apareciese, y no apareció. Me tuve que ir.

La noche siguiente asumí que ya no estaba. Había estado hablando de ella y me había intentado tranquilizar al igual que antes me había querido exacerbar, quería que todo hubiese terminado, como meterse debajo de una mesa a esperar que todo se resuelva solo. Me impuse razones convincentes y traté de olvidarlo. Pude dormir.

Hoy maté a la cucaracha II

La noche siguiente estaba en un estado de tranquilidad, un poco ficticia pero tranquilidad al fin. Escuché un ruido sobre el colchón y la vi. La misma que había saltado sobre mi cabeza dos noches antes, la razón de mi exilio, el escalofrío en la espina dorsal. Otra vez la observé antes de ir a buscarla, aún no me había repuesto de toda esa sorpresa irracional pero sabía que ésta era la oportunidad de matarla; sabía que no iba a poder estar en paz hasta que no la supiera muerta y yo tenía que ocuparme de su muerte indefectiblemente. Con repugnancia la vi caminar sobre el colchón y cuando vi el momento propicio no lo pensé y le di el chancletazo. Cayó detrás del colchón. Alejé el colchón de la pared y ahí estaba, viva, pero con el destino sellado. Unos cuantos chancletazos más para ultimarla. Un poco más despatarrada pero entera, quedó ahí tirada. Naturalmente no iba a barrerla ni mucho menos agarrarla con un papel. Tenía que aspirarla. Me relajé, aunque la miraba de vez en cuando porque sentía que la situación aún no había terminado. En efecto, de pronto la vi moverse rápidamente hacia el colchón, y se me desbocaron los sentidos, era como mi peor pesadilla hecha realidad. Le di zapatillazos certeros, no a lo psicópata, pero con firmeza. Y quedó ahí como antes. La miré y me imaginé que nuestro encuentro había sido mucho más aterrador para ella que para mí. Como el elefante que se aterra cuando ve un ratón. Recordé esas cosas que dicen acerca de que las cucarachas serían las únicas (o de las pocas) sobrevivientes en un holocausto nuclear. Y a la vez era tan frágil. Hasta que empezó a mover las patas. Para este momento el terror irracional venía en mí mezclado con asombro. Ya había sufrido cerca de 10 chancletazos y zapatillazos, no a lo psicópata pero con firmeza, y todavía estaba viva. Aplastada y minusválida, en un estado que yo diría irrecuperable, pero aún vivía. Comencé a dudar de su irrecuperabilidad. Comencé a imaginar qué pasaría si la dejaba ahí, abandonada a su suerte. ¿Se recuperaría? Para mí era imposible, pero tan imposible como que aún estuviera viva luego de tantos y tan fuertes golpes. Si yo recibiera la misma cantidad de golpes con un objeto tan grande y contundente para mí como lo es una zapatilla para una cucaracha, estaría muerta. Entonces volví a pegarle unos cuantos zapatillazos más, con la misma intensidad que antes y en mayor número. Pasó un rato y empezó a mover las patas. No iba a morir. Nunca antes había visto organismo más apegado a su vida; no iba a renunciar a ella y resistiría hasta las últimas consecuencias.

Hoy maté a la cucaracha III

Impresiona a mis sentidos pero quizás mi impresión viene de mi ignorancia. Acaso esa asquerosa costra marrón que las recubre es como una armadura de hierro capaz de resistir un altísimo grado de violencia. Una alternativa es que no estuviera realmente viva, sino que esos movimientos de patas y antenas que vinieron luego del primer golpe que firmó su sentencia (o, mejor dicho, luego de unos 10 golpes igualmente intensos) fueran tan sólo actos reflejos provocados por los últimos impulsos eléctricos de su sistema nervioso, o lo que sea que tengan que la juegue de eso. Si fueron simples actos reflejos… fueron muchos. Pero es una criatura tan extraña y ajena a mí, tan desconocida y que además no invita en absoluto al conocimiento; lo que sea que sean, me repugna. De todos modos en el momento en que la vi moribunda moviéndose aún luego de semejante paliza la vi parecida a mí y pensé que hoy me tocaba estar del lado de los verdugos, pero que quizás algún día me iba a tocar estar del lado de las víctimas.