21 agosto, 2009

Hoy maté a la cucaracha I

La había visto por primera vez hacía dos noches, en la pared arriba de la puerta. Estuvo una hora a mi alcance ahí, quieta, y yo no me atreví a dar el zapatazo; tenía una bolsa en la cabeza y un desabillé de invierno en pleno verano, deseando en realidad tener un traje anti-radiación, siempre alimentando deliberadamente el miedo irracional. Luego de idas y venidas, previendo lo que pasaría, la cucaracha saltó por encima de mi cabeza torpemente y cayó en un lugar indeterminado, pasó lo mismo que había predicho que iba a pasar y mi futuro arrepentimiento. Como era ella o yo, estuve un rato alerta, creí escucharla pero siempre tomé una actitud defensiva, no fui en su busca, me quedé esperando a que apareciese, y no apareció. Me tuve que ir.

La noche siguiente asumí que ya no estaba. Había estado hablando de ella y me había intentado tranquilizar al igual que antes me había querido exacerbar, quería que todo hubiese terminado, como meterse debajo de una mesa a esperar que todo se resuelva solo. Me impuse razones convincentes y traté de olvidarlo. Pude dormir.

Hoy maté a la cucaracha II

La noche siguiente estaba en un estado de tranquilidad, un poco ficticia pero tranquilidad al fin. Escuché un ruido sobre el colchón y la vi. La misma que había saltado sobre mi cabeza dos noches antes, la razón de mi exilio, el escalofrío en la espina dorsal. Otra vez la observé antes de ir a buscarla, aún no me había repuesto de toda esa sorpresa irracional pero sabía que ésta era la oportunidad de matarla; sabía que no iba a poder estar en paz hasta que no la supiera muerta y yo tenía que ocuparme de su muerte indefectiblemente. Con repugnancia la vi caminar sobre el colchón y cuando vi el momento propicio no lo pensé y le di el chancletazo. Cayó detrás del colchón. Alejé el colchón de la pared y ahí estaba, viva, pero con el destino sellado. Unos cuantos chancletazos más para ultimarla. Un poco más despatarrada pero entera, quedó ahí tirada. Naturalmente no iba a barrerla ni mucho menos agarrarla con un papel. Tenía que aspirarla. Me relajé, aunque la miraba de vez en cuando porque sentía que la situación aún no había terminado. En efecto, de pronto la vi moverse rápidamente hacia el colchón, y se me desbocaron los sentidos, era como mi peor pesadilla hecha realidad. Le di zapatillazos certeros, no a lo psicópata, pero con firmeza. Y quedó ahí como antes. La miré y me imaginé que nuestro encuentro había sido mucho más aterrador para ella que para mí. Como el elefante que se aterra cuando ve un ratón. Recordé esas cosas que dicen acerca de que las cucarachas serían las únicas (o de las pocas) sobrevivientes en un holocausto nuclear. Y a la vez era tan frágil. Hasta que empezó a mover las patas. Para este momento el terror irracional venía en mí mezclado con asombro. Ya había sufrido cerca de 10 chancletazos y zapatillazos, no a lo psicópata pero con firmeza, y todavía estaba viva. Aplastada y minusválida, en un estado que yo diría irrecuperable, pero aún vivía. Comencé a dudar de su irrecuperabilidad. Comencé a imaginar qué pasaría si la dejaba ahí, abandonada a su suerte. ¿Se recuperaría? Para mí era imposible, pero tan imposible como que aún estuviera viva luego de tantos y tan fuertes golpes. Si yo recibiera la misma cantidad de golpes con un objeto tan grande y contundente para mí como lo es una zapatilla para una cucaracha, estaría muerta. Entonces volví a pegarle unos cuantos zapatillazos más, con la misma intensidad que antes y en mayor número. Pasó un rato y empezó a mover las patas. No iba a morir. Nunca antes había visto organismo más apegado a su vida; no iba a renunciar a ella y resistiría hasta las últimas consecuencias.

Hoy maté a la cucaracha III

Impresiona a mis sentidos pero quizás mi impresión viene de mi ignorancia. Acaso esa asquerosa costra marrón que las recubre es como una armadura de hierro capaz de resistir un altísimo grado de violencia. Una alternativa es que no estuviera realmente viva, sino que esos movimientos de patas y antenas que vinieron luego del primer golpe que firmó su sentencia (o, mejor dicho, luego de unos 10 golpes igualmente intensos) fueran tan sólo actos reflejos provocados por los últimos impulsos eléctricos de su sistema nervioso, o lo que sea que tengan que la juegue de eso. Si fueron simples actos reflejos… fueron muchos. Pero es una criatura tan extraña y ajena a mí, tan desconocida y que además no invita en absoluto al conocimiento; lo que sea que sean, me repugna. De todos modos en el momento en que la vi moribunda moviéndose aún luego de semejante paliza la vi parecida a mí y pensé que hoy me tocaba estar del lado de los verdugos, pero que quizás algún día me iba a tocar estar del lado de las víctimas.

20 agosto, 2009

Denuncia de un ciudadano de 18 a 70, orgulloso padre de familia y trabajador de tiempo completo

Quiero alertar a la población de un nuevo peligro. Es aparentemente inofensivo, lo cual justamente lo hace más peligroso: es el enemigo visiblemente increíble.

Estaba yo preparando la fiesta de cumpleaños de mi hijo Juan Carlos, a la cual asistiría una gran cantidad de invitados, todos tan orgullosos de Juan Carlos como yo, que soy un padre muy orgulloso. Mi hijo Juan Carlos tiene muchas pasiones en la vida, una de ellas es Los Muppets, en especial la rana René. Quería hacer una fiesta temática de los Muppets, para que Juan Carlos se pudiera disfrazar de la rana René y ser la rana René por un día. Necesitaba muchos elementos para realizar la fiesta, y qué mejor que la dichosa "internet" para buscar buenas oportunidades. Como todavía soy un buen creyente y además quería el mejor traje de la rana René para Juan Carlos, acudí a eso que dicen llamar "motor de búsqueda", de esa empresa "google", y digo honestamente e ingenuamente que jamás esperé encontrar allí lo que encontré al ingresar las palabras "la rana René" y luego enter, ni más ni menos que en el tercer resultado de millones. El tercer resultado se titula "Aprender a armar un porro con la rana René".

Si necesitan un minuto de silencio, tómenselo. Yo lo necesité.

Imagínense ustedes, como padres de criaturas, lo que piensa una criatura cuando se le presenta semejante corrupción de una imagen tan pura... cómo algo tan inocente puede convertirse en algo tan monstruoso. Imaginen a ese dulce niño ingenuo y de buen corazón que busca en internet una imagen de la rana René para reír alegremente o su biografía, pero en lugar de eso encuentra el video de un drogadicto que usa esa imagen impoluta para enseñarle a armar cigarrillos de droga, para fumar. Imaginen lo que será del futuro de ese pobre chico que buscó a la rana René y encontró solamente adicción, droga, desolación, falta de dinero, mala memoria, sueño fácil, algo de lentitud motriz, mucha hilaridad y finalmente un hambre voraz.

Esto lo pueden comprobar por ustedes mismos: Abran el buscador google, escriban "la rana René" y el tercer resultado que aparece es un video con las instrucciones para armar un cigarrillo de droga, para fumar. Por suerte y gracias a los buenos samaritanos que inventaron la propiedad intelectual, el video no se puede ver. Pero el título lo dice todo.

Saludos a todos, y ¡no se dejen engañar!

http://www.google.com.ar/search?rlz=1C1GGLS_esAR322AR322&sourceid=chrome&ie=UTF-8&q=rana+rene

18 agosto, 2009

Cada tipografía implica una atmósfera en sí misma

Vamos con las chicas a la fuente de sodas. Eric y Steve estarán ahí. Eric dice que Andrew y Judy se han convertido en algo más que amigos, y tú sabes, Judy es la ex novia de Steve y Steve todavía no lo sabe. Pero Steve ha estado viéndose en secreto con Marylin mucho tiempo antes de que Judy lo deje y Andrew sabía eso porque se lo contó Kimberly luego de haberlos visto juntos en el baño del gimnasio. Bochornoso, ¿no crees? pero hay un detalle más. En realidad Eric sabe esto no porque se lo haya contado Kimberly, sino porque estaba yendo precisamente con Kimberly al baño del gimnasio, y Stacy desde luego que no lo sabe, no se lo cuentes porque Eric me dijo que no le dij… Oh… Stacy… eres tú…