21 agosto, 2009

Hoy maté a la cucaracha III

Impresiona a mis sentidos pero quizás mi impresión viene de mi ignorancia. Acaso esa asquerosa costra marrón que las recubre es como una armadura de hierro capaz de resistir un altísimo grado de violencia. Una alternativa es que no estuviera realmente viva, sino que esos movimientos de patas y antenas que vinieron luego del primer golpe que firmó su sentencia (o, mejor dicho, luego de unos 10 golpes igualmente intensos) fueran tan sólo actos reflejos provocados por los últimos impulsos eléctricos de su sistema nervioso, o lo que sea que tengan que la juegue de eso. Si fueron simples actos reflejos… fueron muchos. Pero es una criatura tan extraña y ajena a mí, tan desconocida y que además no invita en absoluto al conocimiento; lo que sea que sean, me repugna. De todos modos en el momento en que la vi moribunda moviéndose aún luego de semejante paliza la vi parecida a mí y pensé que hoy me tocaba estar del lado de los verdugos, pero que quizás algún día me iba a tocar estar del lado de las víctimas.

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